Por el Dr Sattar Jamshidpour
Cuando se planifica una guerra, al principio hay un pensamiento, luego un objetivo, después la planificación de cómo llevarla a cabo. En este caso, las máximas autoridades militares, discutiendo, eligen la estrategia. Analizarán las ventajas y debilidades tanto de ellos como de su enemigo. La pregunta es: ¿los estrategas de la guerra de Medio Oriente pensaron las siguientes características de su enemigo, Irán?
Los generales de cuatro estrellas del Pentágono y de Israel tenían en su cálculo: arsenal de drones y misiles baratos y eficaces de Irán, cierre del estrecho de Hormuz, las células dormidas de Irán dispersas en todo el mundo, naturaleza chiita de la cúpula y de la población iraní, geografía de dicho país, experiencia de guerra con Irak durante ocho años, aliados y milicias en Líbano, Siria, Irak, Yemen, fatwa (orden religiosa de un líder religioso musulmán).
Si optamos que lo sabían y no tomaron medidas, se les debe retirar las estrellas y volverlos soldados rasos. Si no lo sabían, entonces son burros de cuatro estrellas. Las guerras se ganan en la tierra y no desde el aire. Desde el aire se debilita para invadir desde la tierra.
Muchos se preguntan cuáles fueron los objetivos de la guerra.
Según Israel y EE.UU., estaban cerca de fabricar armas nucleares, muy cerca, cuestión de semanas. Manipulación de la opinión pública y mentira. ¿Acaso EE.UU. e Israel no tienen bomba atómica? ¿Acaso no fue EE.UU. quien arrojó dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki durante la Segunda Guerra Mundial?
Rafael Grossi, director de la Agencia Internacional de Energía Atómica, negó esta hipótesis. Días anteriores, Joe Kent, héroe de guerra y exdirector del Centro Nacional de Contraterrorismo de Estados Unidos en la administración Trump, renunció y expresó que lo hizo por una cuestión ética y moral. Irán no amenazaba a EE.UU.
El coronel retirado Lawrence Wilkerson, exjefe de gabinete del secretario de Estado de EE.UU. en la era de Colin Powell y actual analista de defensa, critica severamente las estrategias de Donald Trump y ve muy difícil el triunfo yanqui.
Tanto EE.UU. como Israel tuvieron errores y cálculos abismales en su análisis. Pensaron que con bombarderos y asesinatos de líderes iraníes, en máximo cuatro semanas derrotarían el régimen de Irán. No fue así porque la doctrina que Irán ejecuta se llama Doctrina Mosaica. Asesinan a uno, vendrá otro, y hasta ahora funcionó. Pasados veinte días de guerra, el mundo es un caos. Los analistas geopolíticos están preocupados porque se está desestabilizando una región de suma importancia para la economía y la energía global, y que puede paralizar países.
EE.UU. e Israel bombardean en forma masiva el territorio persa; asesinaron una cantidad significativa de líderes religiosos, militares, políticos y, por supuesto, civiles. La idea era que, con los bombarderos y asesinatos, preparaban el terreno en Irán para que la gente se rebele y destituya al régimen. Erraron en la hipótesis y no sucedió.
Como había dicho, Irán regionalizó la guerra y declaró que cualquier país que tenga bases militares norteamericanas es enemigo. Los receptores de misiles y drones están cada día más débiles; la Cúpula de Hierro, la joya de Israel, a veces se colapsa. Para derribar cada dron o misil de Irán, que cuesta como máximo 50 mil dólares, gastan hasta 4 millones de dólares.
El estrecho de Hormuz está cerrado parcialmente. Irán solo permite el libre paso de algunos países como China e India y de aquellos que compren con yuan chino. Los países árabes no tienen nada que hacer. Diariamente reciben misiles y drones. Temen que Irán bombardee las instalaciones que producen agua potable. Hay evidencias de que China y Rusia están ayudando a Irán tecnológicamente.
La mayoría de los analistas políticos coinciden en que mintieron a Trump sobre Irán, que el lobby sionista lo presionó, y hay que agregar que Trump es un niño caprichoso: desde que llegó al poder causó aventuras, fantasías y soberbia. Quiso comprar Groenlandia, reclamó el Canal de Panamá, anexar a Canadá, estableció tarifas a productos importados, maltrató y humilló a sus socios europeos. Existe una hipótesis que menciona que Trump fue presionado para atacar a Irán; de lo contrario, publicarían la documentación de un caso bochornoso de Epstein.
Conclusión: pasan veinte días de guerra. Trump está confuso; un día dice una cosa y al otro dice todo lo contrario. Está solo, está presionado por todos los ángulos. Aplastó la Constitución estadounidense al no pedir permiso para el inicio de la guerra; no dialogó con sus socios de la OTAN. Se burló de todos y ahora no sabe qué hacer. Los republicanos están muy preocupados por las elecciones legislativas de noviembre de 2026; el precio del petróleo aumenta día a día. Los norteamericanos ayer pagaron 65 centavos más por cada galón de gasolina.
Hay riesgo de invasión con drones o atentados en el mismísimo EE.UU. Los socios económicos y los integrantes de la OTAN le soltaron la mano. España fue el primer país que proclamó que esta guerra no es suya. Cuando Irán cerró el estrecho de Hormuz, Trump pidió ayuda de sus socios, pero las respuestas negativas llegaron en breve tiempo.
Trump no cede, no avanza, pero tampoco sabe cómo puede terminar la guerra. Los países árabes deben buscar otro padrino. Ayer Israel atacó en Pars Sur una de las instalaciones más importantes de producción de gas líquido. Irán en breve bombardeó instalaciones de energía de tres países árabes. Absolutamente todos los analistas geopolíticos consideran que es casi imposible que EE.UU. pueda abrir el estrecho de Hormuz. Y si Irán coloca minas en este estrecho, llevará meses su reapertura.
Irán está entre la espada y la pared y su objetivo es prolongar la guerra. Con esta maniobra, la economía mundial se derrumba. Rusia hará todo lo posible para prolongar la guerra y seguramente ayudará a Irán, porque aquellos países que no pueden importar petróleo a través del estrecho de Hormuz importarán de Rusia, y Trump por ahora anuló la tarifa del 30% a las importaciones de petróleo de Rusia. Ucrania sufre por la disminución de ayuda de EE.UU. y la Unión Europea.
Israel sabe que mientras exista el régimen de los ayatolás en Irán no tendrá paz por las milicias proiraníes. Ya nadie habla de la guerra de Rusia y Ucrania, ya nadie piensa en la invasión de Israel a Gaza y al sur del Líbano; todos están callados por la masacre de civiles en los países involucrados. Hoy el estrecho de Hormuz es el corazón de las noticias; hoy ocupa el pensamiento de la mayoría de los políticos del mundo, excepto Javier Milei.
Mientras tanto Iran tiene su mirada hacia otro estrecho vital, el estrecho de Bob Al Mandab, dominado por los Yutis aliados de Iran.
Nadie acompañará a Trump en esta aventura. Nadie quiere correr el riesgo de ser atacado por Irán o por sus aliados y las células dormidas. Lo veo muy poco probable, pero una de las salidas será la destitución de Trump por el Congreso. Todos coinciden en que la apertura del estrecho de Hormuz sería la salvación de Trump del laberinto. Todos coinciden.












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