Con profundo dolor informamos el fallecimiento de nuestro querido vecino Carlos Domingo Cacia de 79 años y colaborador del Cruce Varela y Berazategui , ocurrido el 31 de mayo de 2026, luego de una semana de internación en la Clínica Trinidad de Palermo. Había ingresado para una quinta cirugía de columna, pero una infección bacteriana complicó su evolución. A pesar de los esfuerzos médicos y de una nueva intervención quirúrgica, falleció rodeado del amor de sus ocho hijos.
Muchos de los que te conocieron hablan de el con una admiración enorme. Dicen que eras un hombre generoso, que sabías escuchar como pocos, que siempre estabas dispuesto a ayudar, que tu sola presencia llenaba cualquier lugar y que dejabas huella. Dicen que eras de esas personas imposibles de olvidar.
Durante muchos años construiste vínculos con distintos intendentes de la región, siempre con la misma convicción: colaborar para mejorar el barrio. Impulsabas y acompañabas la pintura, remodelación y recuperación de plazas y espacios públicos, porque disfrutabas ver crecer a la comunidad y aportar desde tu lugar.
Fuiste el fundador y titular de La Terminal de Viajes y Turismos, una empresa que durante décadas conectó a miles de personas con distintos destinos del país y que se convirtió en un punto de referencia para toda la región. También desarrollaste una importante actividad comercial en el Cruce Varela y Berazategui. Dando empleo a mucha gente y facilitando la entrada de los micros en las darsenas de la termninal.
Tu velorio se extendió durante veintidós horas. Sin importar la hora, la gente seguía llegando. Familiares, amigos, vecinos, comerciantes, empleados y personas que hacía años no te veían quisieron darte el último adiós. Todos repetían algo en común: una anécdota, un gesto de ayuda, una palabra de agradecimiento. Todos hablaban maravillas de el.
El cortejo fúnebre fue inmenso. Al pasar por tu Terminal, los empleados y quienes estaban allí dejaron sus tareas para despedirte con un largo y sentido aplauso. Cinco policías motorizados encabezaban el recorrido, deteniendo el tránsito para acompañar el último viaje de quien había dedicado su vida al trabajo y al servicio de los demás. Fue una escena profundamente conmovedora.
Ese día entendí que la verdadera grandeza de una persona no se mide por lo que tiene, sino por el cariño, el respeto y la gratitud que deja sembrados en los demás. Y vos dejaste una huella que permanecerá para siempre en el barrio.
Adriana Cacia













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