Caen los salarios, más horas de trabajo y los cuentapropistas buscan empleo formal. La crisis del mercado laboral cruje por diferentes costados: sube el desempleo, los pobres trabajan más horas sin alcanzar la canasta básica de alimentos y los cuentapropistas sueñan con un lugar en el sistema formal que no aparece. Los salarios volvieron a perder contra la inflación y no hay señales de que la tendencia se vaya a revertir en el corto plazo. El desplome de los ingresos de los hogares se transformó en un problema no sólo para las familias, sino también para el conjunto de la economía que ve la profundización de la crisis laboral en amplios sectores de la sociedad. Se empiezan a visualizar los límites del cuentapropismo. Ni son vagos, ni les cuesta conseguir trabajo por la falta de educación. El 59% de las personas pobres en edad de trabajar en Argentina ya tienen trabajo, en construcción, en comercio y en industria, e igual son pobres. El Centro de Estudios Renacer Argentina y de la Universidad de San Martín puso el foco en los trabajadores de aplicaciones y realizaron trabajo de campo. En encuestas presenciales, el 40,2% de los repartidores dijo que lo eligió porque había perdido el trabajo y no encontraba otro, el 50% trabaja más de ocho horas diarias y al 42,3% los ingresos no le alcanzan para llegar a fin de mes. La crisis del empleo, hasta ahora silenciosa, se viene acelerando y cada vez más especialistas le ponen el ojo. Entre quienes trabajan por su cuenta, la abrumadora mayoría dice hacerlo por la libertad de manejar los horarios que otorgan las aplicaciones, pero son los propios repartidores quienes reconocen que, en la práctica, los ingresos dependen de horarios pico, condiciones climáticas o decisiones opacas de la plataforma. No hay salario garantizado, no hay previsibilidad. Hay conexión permanente y expectativa. Según la encuesta, casi dos tercios de los repartidores aceptarían un trabajo formal si pudieran y el 70% de los trabajadores de este tipo de aplicaciones no se imagina desempeñando la misma tarea en los próximos cinco años. Hasta ahora, la economía de plataformas funcionó como “estrategia de refugio” y amortiguó la caída del empleo formal. Ese fenómeno pareciera encontrar un límite: el desempleo trepó al 7,5% en el cuarto trimestre de 2025, según el INDEC, y marcó una suba de 1,1 puntos porcentuales con respecto al mismo período del año anterior. Para más, el deterioro salarial siguió su curso en enero. Los salarios formales subieron apenas 2% en el primer mes del año, frente a una inflación que se movió a un ritmo del 2,8%. Este segmento de los ingresos ya acumula una caída del 7,9% desde que asumió Javier Milei. La caída de los ingresos ya golpea a la economía en su conjunto: cierre masivo de comercios, caída del consumo y pérdida de poder adquisitivo avanzan a pasos agigantados. La sociedad se pone en alerta por la profunda crisis laboral.
Mario Carrera












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